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Resulta poco menos que imposible referirse a la fundación del colegio “nacional florida”, sin antes efectuar una relación histórica de la forma como y cuando se inicio la enseñanza publica en santa cruz, pues alli encontramos la simiente primigenia de dicho plantel, que, transitando a través de las décadas y las centurias, seria el decano de los establecimientos educativos en nuestro medio. Después de superar múltiples vicisitudes y azarosos avatares. En el se forjaron y recibieron las primeras luces de la ciencia aquellos cruceños que, andando el tiempo, enarbolaron el estandarte de la emancipación americana, para convertirse posteriormente en los conductores de la flamante nacionalidad.

Cuando aun santa cruz intentaba vacilante su primeros pasos parvularios en el regazo del sutos, llego hasta ella el 17 de mayo de 1587 el primer grupo de curas jesuitas, decididos a dedicarse a la enseñanzas de la niñez y la juventud de muestro pueblo. Este grupo se hallaba integrado por los sacerdotes: Diego M Martínez, Bartolomé santiago, Juan de Sánchez y Diego de Samaniego. Ellos no fundaron ningún plantel de enseñanza, es cierto, pero en forma particular comenzaron a enseñar las primeras letras generación de cruceños, mientras que también los iniciaban en el conocimiento y la practica de la doctrina cristiana.

Fusionadas en 1622 en los llanos de grigota las ciudades de santa cruz de la sierra con san Lorenzo el real de la frontera, el cabildo cruceño, encontrándose conducido por maese de campo Antonio Suárez y comprendiendo la necesidad de oficializar la enseñanza, en 1634 resolvió designar a mateo vargas, como el primer maestro de escuela, por considerarlo “persona de buena vida y costumbres”, el mismo que por un modesto peculio, proveniente de las arcas comunales, se comprometía a enseñar a leer y escribir a todos aquellos que quisieran aprender, destacando con prioridad la enseñanza de la doctrina cristiana.

Como esta enseñanza tan elemental, no reunía los requerimientos de una formación cultural media o superior, con motivo de la llegada a santa cruz el 7 de noviembre de 1648, el obispado Juan de arguinao, este considero necesaria la fundación de un primer seminario en el cual se impartiera ala niñez y juventud cruceñas, todo un bagaje de conocimientos, para que de entre esos educandos vayan surgiendo los futuros y los nuevos educadores. Dicho prelado, luego de obtener las correspondientes autoridades, tanto del virrey del Perú, como de la audiencia de charcas, adquirió en primer término un inmueble que lo remodelo adecuadamente y en el, el año 1652 instalo el primer seminario cruceño, siendo bautizado “San Juan Bautista” y lo coloco bajo la dirección del bachiller Gabriel Gonzáles de la toree, con una subvención anual del tesoro publico de 800 pesos.

Infortunadamente, tanto el mitrado fundador, como su director, salieron de santa cruz, el primero para ocupar el arzobispado de santa fe de bogota y el otro con un destino diferente, circunstancia que determino para que a partir de 1666 el seminario “San Juan Bautista” resulte abandonado y la enseñanza se reduzca a la que impartían los jesuitas, quienes consiguieron que pase a sus manos del edificio de dicho seminario, como asimismo que la subvención anual del la hacienda real se eleve a 1.996 pesos, en lugar a 800.-

Por esta razón, se presento la necesidad de fundar un segundo seminario, idea que comenzó a adquirir mayor preponderancia a partir de 1754, para lo cual se iniciaron los trámites pertinentes ante el soberano español, a través de la audiencia de charcas.

El nuevo obispo de santa cruz, monseñor Francisco Ramón de herboso y Figueroa, era completamente contrario a que dicho seminario se instale en la capital cruceña, debiendo hacerlo con Cochabamba. El gobernador de santa cruz, Luis Álvarez de nava elevo la solicitud ante el tribunal chaquito, el mismo que represento ante su majestad para que esa fundación se realice en la ciudad Ñufleña, por tener mayor importancia que Cochabamba. Ante esa alternativa, el monarca español, Carlos III mediante cedula real de 30 de noviembre de 1765, dirigida al nombrado prelado, dispuso que ese segundo seminario se instale en santa cruz y no en Cochabamba.

Sensiblemente, poco tiempo después se produjo la expulsión de los jesuitas, quines eran los institutrices por excelencia y eso demos una gran manera la instalación del nuevo plantel de enseñanza, la misma que corría a cargo del obispo herboso y Figueroa. Fue precisamente el vació que dejaron los discípulos de Loyola en materia de enseñanza lo que impulso ala monarquía española a realizar cuanto antes la fundación de un nuevo seminario.

Para solventar económicamente la creación y funcionamiento del establecimiento a fundarse, a partir de 1754 comenzó a descontarse una cantidad de aproximadamente el tres por ciento de las rentas eclesiásticas que se iba depositando en las cajas reales de Potosí.

Empero, el mitrado de referencia trataba por todos los medios a su alcance de retardar la creación de dicho seminario, ya que el siempre fue contrario que se lo haga en santa cruz. Fue necesario que el ministro Carlos III, el conde de Aranda, envié una fecha 25 de octubre de 1768, una orden expresa para que no retrace más la referida fundación. Ya con anterioridad la audiencia de charcas, mediante la provisión de 15 de abril del mismo año, había ordenado a las cajas reales de Potosí, para que remita al obispo de santa cruz los 8.307 pesos con dos reales y medio que tenia en su poder, debiendo proceder de idéntica manera el oficial de Cochabamba con los 715 pesos que había recaudado, todo lo cual se invertiría en la reconstrucción del colegio y capilla que estuvo en poder de los jesuitas, los mismos que habían sido erigidos por el obispo Juan de arguinao, situado en la acera oeste de la plaza principal.

Cumplidas todas las diligencias de rigor, realizadas tanto ante el gobernador Luis Álvarez de nava, como ante el cabildo eclesiástico, en fecha 10 de diciembre de 1769 el obispo herboso y Figueroa designo al arcediano de la iglesia catedral, Juan de la cruz paredón, en calidad de rector del futuro seminario. En la misma disposición establecía que el nuevo seminario debería entrar en funciones el próximo primero de enero de 1770, para lo cual solicitaba al susodicho gobernador para que haga entrega al rector ya nombrado, tanto el edificio de referencia, como todos los muebles y enseres. De igual manera, designo el clérigo de menor damasco Pérez de hurdanilla para la enseñanza del latín, mientras que Antonio Neira resultaba designado como profesor de lectura y escritura como también de doctrina cristiana, cada uno de los cuales percibiría un sueldo anual de 200 pesos.

Con todos los preparativos ya anunciado, el 1 de enero de 1770 se instalo solemnemente el segundo seminario que veía la luz pública en la capital cruceña, con la presencia del citado gobernador y todas las autoridades eclesiásticas y civiles. El flamante plantel contaba con las aulas de gramática, dividida en cuatro libros, además del aula de primeras letras. El curso de teología moral se hallaba a cardo del nombrado rector, quien pocos días después presento renuncia para regresar a su parroquia de la plata (chuquisaca) y en si reemplazo el obispo herboso y Figueroa nombro al dr. Bernardo Gil, a quien le correspondió consolidar la fundación ya referida.

A pedido formulado por escrito por el prelado tantas veces nombrado, en fecha 21 de marzo del mismo año, el gobernador Álvarez de nava, con la presencia de los alcaldes ordinarios, hizo entre oficial, bajo inventarios, del edificio del colegio que últimamente fue de los jesuitas, con todos los enseres y personal de servicio, todo lo cual paso a depender en propiedad del segundo seminario.

Por real orden de 17 de febrero de 1771, el rey Carlos III dispuso que la cantidad de 1.966 pesos con que su subvencionaba a los jesuitas, se destine a las cuatro ateneas del segundo seminario (lectura y escritura, latinidad, filosofía y moral).

Por la precaria construcción del edificio que ocupaba este segundo seminario, al finalizar el siglo XVIII ya se encontraba en ruinas, circunstancias que determinó para que el Obispo de Santa cruz , José Ramón Estrada, disponga que el coronel español Antonio Seoane de los Santo, reconstruya tanto el edificio de dicho seminario, como así mismo la capilla del colegio que le era anexa y que en ella funcionaba la parroquia del Sagrario, la misma que llegaba hasta la esquina que actualmente forma las calles “Junín” y “Libertad”, o sea donde hoy se rige el edificio central de la Universidad “Gabriel René Moreno”. La reconstrucción se la realizó entre los años 1791 y 1792.

Este importante edificio educacional, que amplió sus aulas con las asignaturas de la enseñanza media, era considerado en su verdadera magnitud, por cuya circunstancia continuó funcionando hasta el año 1832. En el se formaron los personajes que en 1810 habrían de abrazar la causa de la emancipación americana, liderizando sacrificadamente a todos los hombres y mujeres que ansiaban por tener una patria libre e independiente.

El vetusto edificio de dos plantas de este seminario se encontraba situado en la acera de la plaza “24 de septiembre”, o sea donde hoy se yerguen el cine “Theatre Palace” y la casa de la cultura “Raúl Otero Reiche” (ex alcaldía municipal). A continuación y hacia el lado norte se levantaba la iglesia del Sagrario, más conocida con el nombre de “Capilla del Colegio”, ocupada y conservada por los jesuitas hasta que fueron expulsados en 1767.

Apagada la hoguera de la epopeya continental que había interrumpido el funcionamiento de este segundo seminario, el mariscal de ayacucho promulgó la ley de 9 de enero de 1827, mediante la cual se disponía que en todas las capitales de departamento debería crearse un colegio de ciencias y artes, destinados a la formación de la niñez y de la juventud, en los cuales se enseñen las siguientes asignaturas: castellano, latín, inglés, francés, retórica, filosofía, jurisprudencia y medicina, todo en castellano.

En Santa cruz no se cristalizó tal fundación y el antiguo seminario continuó con sus aulas ahítas de estudiantes que adquirían las luces del saber.

Fue necesario que se dicte la ley de 25 de septiembre de 1831, para que el meritorio plantel se convierta en colegio de ciencias y artes, teniendo como fundador y primer director al maestro argentino Teodoro Sánchez de Bustamante, fundación que se efectuó el 29 de abril de 1832, instalado en el mismo edificio, donde por mas de 60 años había venido funcionando el referido seminario. El acto inaugural se vio solemnizado con la presencia del señor prefecto del departamento, coronel Diego de la Riva, mientras que la bendición del mismo corrió a cargo del Obispo de la Diócesis, Monseñor Agustín de Orondo.

Para el mantenimiento del flamante plantel, se promulgó la ley de 5 de octubre de 1833, que le asignó la suma de 4.000 pesos anuales.

No obstante llamarse de “Ciencias y Artes” el flamante plantel educacional, en el plan de enseñanza no se completaba ninguna materia de carácter técnico o artístico. Recién por decreto supremo reglamentario de 15 de octubre de 1845, se dispuso que en los colegios ya nombrados, se enseñen también las materias de música, dibujo y canto.

El 22 de noviembre de 1872 se promulgo la ley por la cual se establecía que cada plantel de enseñanza media, organizado en cada una de las capitales de departamentos, pasaría a llamarse desde entonces “Colegio Nacional”.

Sin embargo, el decreto supremo reglamentario de 15 de enero de 1874, el mismo que contenía Estatuto General de Instrucción, establecía la libertad de enseñanza y que el estado sólo fomentaría la enseñanza primaria, dejando el ciclo medio librado al sector privado, es decir que los planteles de dicho ciclo, para seguir funcionando tendrían que ser costeados por los padres de familia. En cumplimiento de esta disposición los locales de los colegios “Junín” de sucre, el colegio “Ayacucho” de la paz y el colegio “Sucre” de Cochabamba serian alquilados mediante licitación pública.

Felizmente el colegio nacional de santa cruz tuvo mejor suerte, pues las autoridades políticas llegaron a un acuerdo con el municipio cruceño para continuar funcionando en el mismo vetusto edificio de la plaza llamada entonces de “La Concordia”, acuerdo que fue aprobado por Resolución Ministerial que se dicto el 3 de octubre de 1875, circunstancia que determino para que el Colegio Nacional de nuestra capital continué con sus aulas abiertas en el mismo edificio, aunque con carácter particular.

El 10 de agosto de 1877 se dicto el decreto supremo que restablecía la enseñanza oficial, tanto en los colegios nacionales como en las tres universidades existentes entonces en Bolivia, solventando económicamente a los primeros.

Pero este periodo bonancible no duró ni dos años, pues pronto sobrevino la guerra del pacifico y el gobierno nacional tuvo que disponer de los recursos destinados a la educación, para cubrir los gastos de la defensa de la integridad territorial, oportunidad en la cual el sector privado nuevamente asumió la responsabilidad de permitir que el Colegio Nacional de Santa Cruz continué funcionando en forma interrumpida, al amparo de la Resolución Ministerial que se dicto el 23 de mayo de 1879.

Sin embargo, no eran esas las únicas ocasiones en que el colegio nacional de nuestra ciudad sorteaba las crisis que atentaban contra su estabilidad y continuidad. Con motivo del estado de guerra en que se encontraba Bolivia con el Perú, por la agresividad del presidente Ramón Castilla, quien no olvidaba las humillaciones que había recibido en Ingavi por parte del General José Ballivián y que ahora pretendía desquitarse, impulso al entonces colegio de ciencias y artes de santa cruz, para que adopte la resolución de 30 de abril de 1860, por medio de la cual, todos los profesores resolvieron ceder a favor del estado el total de sus sueldos que percibían en dicho plantel educacional, a fin de que el gobierno pueda encarar la defensa de la soberanía nacional con mayor respaldo económico.

Posteriormente y superado el conflicto bélico, se pronuncio el decreto supremo de 15 de septiembre de 1882, mediante el cual nuevamente se restableció la enseñanza oficial en cada uno de los colegios nacionales de las capitales del país.

Corresponde poner de manifiesto que el colegio nacional en la capital cruceña no era el único plantel de enseñanza, pues, existían muchas escuelas de enseñanza elemental, tanto las publicas como privadas. Otro tanto ocurría en el resto del departamento, incluyendo las aldeas y villorrios, donde no faltaba un profesor que por modestos estipendios impartía el conocimiento se las primera letras. También corresponde destacar que en nuestra ciudad, desde tiempos pretéritos, conforme ya lo hemos visto, siempre se enseño intensivamente el latín. Según el historiógrafo Gabriel René Moreno, “se enseñaba la siesta con 24º por la mañana, latín a la siesta con 30º, a la tarde latín con 33º ”. el mismo René Moreno nos expresa que en 1810 llegó a chuquisaca el abogado cruceño Lorenzo Moreno, quien habría tenido una conversación de tres horas con el Arzobispado Moxo y Francolí en la lengua de Virgilio. Agrega así mismo que algunas décadas después llegaron estudiantes cruceños a la Universidad de “San Francisco Javier de Chuquisaca” , “recitando de punta a cabo en latín las institutas de Justiniano” , circunstancia que incidía positivamente en el dominio de la lengua de Cervantes.

Este importante aspecto, como también el factor de que en santa cruz nunca se hable otro idioma que no sea el castellano, determinaron para que el departamento de santa cruz tenga el mas alto porcentaje de alfabetos. Según el censo levantado el año 1900, de 74.724 alfabetos. El Dr. Julio A. Gutiérrez, en su libro titulado “Historia de la Universidad de Santa Cruz”, al tiempo de realizar un esbozo de la educaron de nuestra ciudad, durante el pasado siglo y parte del presente, expresa lo siguiente: “Teníamos el 59 % de alfabetos, cuando habían departamentos que solo tenían el 8 %.

Durante la pasada centuria, nuestro colegio nacional continúo funcionando en forma silenciosa en el viejo edificio, irradiando las luces de la ciencia a las nuevas generaciones que llegaban hasta sus aulas sedientas de aprender. Por ellas pasaron eminentes personalidades del pasado que desarrollaron en el acontecer nacional, como Basilio de Cuellar, Mamerto Oyola, Zoilo Flores, Rafael Peña, José Miguel de Velasco, Tristán Roca, Miguel y Cristian Suárez Arana; ilustres prelados como Monseñor José Andrés Salvatierra, José Belisario Santistevan, Monseñor Daniel Rivero; infinidad de personajes que dieron lustre a la cultura, como el insigne Gabriel René Moreno, Enrique y Emilio Finot, Humberto y José Vásquez Machicado, Rómulo Gómez, Raúl Otero Reiche, sobre saliendo muchos de ellos en la defensa del patrimonio nacional en el progreso de nuestro pueblo.

Al finalizar la primera década de la presente centuria, el viejo templo del saber de la plaza de “La Concordia” se encontraba completamente deteriorado, extremo que obligó a docentes y estudiantes a instalarse transitoriamente en el edificio que después perteneció al Liceo de Señoritas “Monseñor José Belisario Santistevan”, a la espera de que se construya su propio edificio, ya que por ley de 6 de noviembre de 1901, se dispuso que los recursos provenientes de la venta de tierras fiscales en nuestro departamento, se destinen a la construcción del edificio propio del colegio nacional, ley que fue reglamentada por el decreto supremo de 20 de septiembre de 1902.

El estado ruinoso en que se encontraba el viejo caserón determino para que el Consejo Municipal de Santa Cruz, en la sesión de 20 de enero de 1911 resolviera dirigirse al prefecto del departamento, pidiéndole que se dirija al supremo gobierno, solicitándole la reconstrucción del colegio, por constituir un peligro para los transeúntes. Ese mismo año se promulgo la ley de 2 de diciembre por la cual se autorizaba al Poder Ejecutivo para qué venda en subasta pública el ruinoso edificio, con más la capilla anexa. El producto de dicha venta debería invertirse en el alquiler de una casa particular, o en la compra de un lote para la construcción de su edificio propio.

Reunidos los recursos necesarios, alrededor de 1916 se inicio la construcción de un inmueble propio que reunía las condiciones pedagógicas mas adecuadas para el fin indicado. Su ejecución estuvo a cargo del ingeniero Yugoslavo Rafael Skiljan, habiéndose concluido en los primeros meses de 1918 con un costo total de 194.102,10 Bs. El entonces rector de la Universidad René Moreno, al mismo tiempo director departamental de educación de Santa Cruz, Dr. Udalrico Zambrana, dispuso el traslado del Colegio Nacional a su edificio propio, el 1º de abril de dicho año, el mismo que por entonces constituía el mejor edificio escolar de toda la República, erigido sin ningún costo para el tesoro publico. A la sazón se desempeñaba como Director del Colegio el Prof. (oriundo de Francia) Guido de Chazal.

Ese mismo mes y año, el mecánico italiano José Bruno adquirió en compra, mediante puja abierta, de la Junta Impulsora del Colegio Nacional, una parte del viejo inmueble del antiguo seminario, donde posteriormente se edificó el cine “Theatre Palace”.

Al año siguiente, o sea en 1919, por acuerdo de los profesores, el antiguo Colegio de Ciencias y Artes pasó a llamarse “Colegio Nacional Florida”, en homenaje a la histórica victoria obtenida por Arenales y Warnes el 25 de mayo de 1814. Ese mismo año, el rector Zambrana inauguro la biblioteca del colegio con 200 volúmenes, 87 folletos y 118 revistas, todos ellos adquiridos con recursos propios, como también por donaciones de personas e instituciones particulares.

En su sesquicentenaria existencia, el Colegio Nacional “Florida” ha sido dirigido por los más conspicuos personajes cruceños, quienes, aunque carecían de títulos docentes, ocupaban un primer plano en la intelectualidad de nuestro pueblo y gozaban también de altas consideraciones morales y sociales.

Los estudiantes del más prestigioso de los planteles de enseñanza de santa cruz necesitaban expresa en la música, su gratitud con el colegio que los acogía como en un segundo hogar. Así lo entendieron dos meritorio docentes del mismo, el escritor historiador Dr. Hernando Sanabria Fernández que se encargo de componer la letra mientras que el compositor nacional D. Susano Azogue Rivero, le puso la música, surgiendo de ese modo el himno al “Colegio Nacional Florida”, estrenado el año 1941, fecha desde la cual, los educandos comenzaron a entonarlo con especial entusiasmo y devoción , ante cuyos marciales sones, no solamente que se inflaman los corazones de profesores y alumnos, si no que se estremece hasta las estructuras mismas del edificio.

Con la finalidad de otorgar a los estudiantes una formación técnica que se complete con la enseñanza humanística y les abre nuevos horizontes, el 2 de abril de 1952 se creó la Sección Industrial, donde se inicia a los educandos en los conocimientos de materias técnicas, tales como mecánica, carpintería, electricidad, dibujo técnico, etc. Esta importante sección, en sus primeros momentos se hallo bajo la dirección interina del señor Róger Moreno, a quien sucedió con carácter titular el profesor Mateo Fernández, sustituido en agosto de 1960 por el profesor Nelson Mercado Roca que se jubiló en 1990 y desde entonces la Sección Industrial se halla bajo la dirección del profesor Cerefino Figueroa .

La gran obra generacional que hasta ahora ha venido cumpliendo el Colegio Nacional “Florida” en sus 163 años de esforzada labor en servicio de la educación y la cultura, fue aprendida en su verdadera dimensión por el gobierno de los co-presidentes Alfredo Ovando Candía y René Barrientos Ortuño, los mismos que, con motivo de la efeméride septembrina de 1965 le otorgaron la máxima condecoración del “Cóndor de los Andes” , en el grado de Caballero, reconocimiento que coloca a este viejo templo del saber en un sitial de privilegio en el consenso nacional.

Como dijimos en líneas anteriores, han sido muchos los personajes de la más alta categoría social e intelectual que han pasado por la dirección de este colegio, pudiendo destacarse entre los más conspicuos a Felipe Leonor Ribera, Neptalí Sandoval, José Benjamín Burela, Plácido Molina Mostajo, Georges Rouma, José Callaú, Guido de Chazal, Eduardo Velasco Franco, Rómulo Soruco Suárez, Víctor Salvatierra y otros no menos ilustres que dieron brillo y jerarquía al Colegio Nacional “Florida”. Durante algo más de veinte años, desde 1949 hasta 1969, estuvo bajo la sagaz e inteligente conducción del meritorio y esforzado educador D. Reinerio Gutiérrez Barba, quien se encargó de destacar con nítidos fulgores la personalidad e identidad que siempre lo ha distinguido de entre los demás planteles educacionales de nuestra capital. Anteriores a él, se han sucedido muchos otros directores, sobresaliendo de entre ellos los profesores Rómulo Soruco, Eduardo Velasco Franco y muchos otros.

Desde el año 1988 rige los destinos de este importante establecimiento educacional, el meritorio y destacado profesor Luís Barrancos Álvarez, quien en el poco tiempo que se halla a la cabeza del mismo, ha conseguido devolverle sus viejos pergaminos y colocarlo en el mismo sitial que se conquistó por sus meritos y trayectoria. Con mucho entusiasmo, honestidad y férrea voluntad está logrando que sus aulas tengan nuevamente el señorío que le dieron sus predecesores. La vieja estructura que antes se encontraba en estado ruinoso ha sido completamente restaurada sin ocasionar ninguna erogación al erario, mediante subvenciones y donaciones de instituciones regionales. Su conservación y mejoramiento constituye un desafió para todos los alumnos y miles de ex – alumnos floridistas para que hagan reverdecer el viejo caserón, donde todos ellos encontraron un segundo hogar y donde pasaron los mejores momentos de sus vidas, escalando cada día un nuevo peldaño en la infinita escalera del conocimiento y del saber.

Al profesor Luís Barrancos Álvarez le auguramos toda clase de éxitos que los ha de conseguir con los nobles propósitos de entidades regionales, padres de familia, alumnos y ex – alumnos, a quienes les asistirá la satisfacción de haber levantado de entre las ruinas, como al ave fénix, a un plantel educacional que siempre respondió a las mas exigentes necesidades y expectativas de la juventud cruceña , cada ves mas ansiosa de superarse constantemente y que toda la clase estudiosa encuentre eficientes mentores que la conduzcan con idoneidad y responsabilidad para hacer de cada uno de ellos profesionales capaces, responsables y honestos, para servir cada vez mejor a nuestra patria y a nuestro amado campanario. Que de sus aulas surjan los ciudadanos y conductores idóneos que orienten el timón de la nave del estado por senderos de progreso y felicidad.